China… China… China…
A pesar de la frecuente presencia de noticias de este remoto lugar en los medios, China sigue siendo un misterio en todos sus aspectos.
Nos imaginamos cómo sería pasear por una muralla que se ve desde el espacio, nos preguntamos si realmente comen alacranes y frecuentemente le hacemos referencia cuando estamos confundidos, especialmente en época de exámenes…
Yo pensaba que al llegar a China, todo iba a cambiar, pero después de estar allí sigue siendo un misterio.
Beijing es una de las ciudades más importantes de China. Sin embargo cuando uno está ahí se siente como en un pueblo grande...
Caminando por las calles, encuentras gente esta sentada en la vereda jugando a las cartas, gente durmiendo la siesta en los parques, los bancos o cualquier lugar donde puedan sentarse y relajar la cabeza… (Se los juro, los chinos tienen la capacidad de dormirse de cualquier forma y en cualquier lado). ¡Cuánto podríamos aprender de ellos!
Puedes comprar fruta en cualquier esquina, ya sea en puestos armados en la puerta de su casa, o puestos ambulantes montados en la parte de atrás de sus bicicletas.
Si vas con un poco de tiempo, hasta puedes cortarte el pelo por la calle. Basta con pasar por enfrente de uno de los señores que están sentados en la vereda con su peine y su afeitadora, saludarlos, sentarse en su silla, y dejar que hagan su trabajo mientras los peatones siguen su rumbo a tu alrededor... :)
Al cruzar la calle, uno tiene que estar tan pendiente de los autos, en especial los autos negros que suelen ser de organismos públicos, como del abundante número de ciclistas que copan las calles y hacen poco caso a las leyes de tránsito.
A pesar del caótico tráfico, debo admitir que me impresionó la planificación de la cuidad. Muchas de las calles tienen un amplio carril exclusivo para bicicletas. Una consideración esencial que he visto muy pocas veces en otras ciudades.
Más allá del pueblerino estilo de vida de muchos de los habitantes de Beijing, la fuerte contaminación y la inminente presencia de rascacielos, edificios modernos y obras en construcción rápidamente te recuerdan que te encuentras en una ciudad.
Aunque sabes que estás en una ciudad, no siempre sabes a donde estás. Todas las esquinas se parecen y los carteles sólo están escritos en chino. ¡Aquí si que no hay mapa que valga!
Si te atreves, tal vez le puedes preguntarle a alguien usando el chino básico que aprendiste para sobrevivir unos días en esta enorme ciudad. Pero es probable que no te entiendan porque pronunciaste mal una sílaba o simplemente no entiendas lo que te contestan.
Por lo tanto lo mejor es tomar un taxi, o el metro (si quieres una experiencia divertida (ya les contaré de eso más tarde)) y ve directamente a donde quieres ir. Y sino simplemente piérdete por una ciudad donde todo es nuevo y diferente. De cualquier forma es difícil que lo pases mal.
Beijing es una ciudad que tiene mucho para ofrecer, desde su variada cocina, hasta sus templos y su gente. Además es super segura para los extranjeros, en especial en esta época, porque están preparando la ciudad para las olimpíadas y quieren darle una buena impresión a los “long nose” (es decir, turistas occidentales).
Después de conocer y pasear unos días por Beijing, China sigue siendo todo un misterio rociado de sabores, caras sonrientes y colores intensos.
En los próximos blogs, les seguiré contando sobre la comida, su gente y sus templos…
Por si quieren curiosear, aquí les dejo en link de una página donde habla un poquito de
China.